Una historia de supervivencia y porqué no me tiré de un puente

¿De qué va este post?

Confieso que no me motiva hablar de mi misma y de mi historia, de hecho, no soy muy dada a compartir mi vida y pensamientos (que seguro sólo yo considero interesantes)  en redes sociales y en ningún otro foro que no sea cercano.

Me resulta un ejercicio pretencioso,  esto de creer que alguien sienta el menor interés por estas vidas sin proezas destacables, así que es posible que esto sólo un soliloquio, que más da.

Lo que es evidente es que  nadie es tan interesante como cree y a la gente le importa un pimiento verde lo que pensamos, pero hemos de creer lo contrario para no tirarnos de un puente…

Y también es cierto, que  en medio de tanto desconcierto, de tanto desencanto en este oficio mío, tan poco estimado y menos comprendido, he decidido compartir mi experiencia, por si sirve de inspiración, de entretenimiento o de lectura de váter .

Básicamente,  en este post quiero contarte cómo pasé de detestar la consultoría tradicional a rediseñar mis servicios al completo, 

o, de cómo conseguí  no darme a la bebida o acabar tirándome de un puente…

o de cómo convertí un trabajo que me deprimía y apenas me daba para sobrevivir en  algo ilusionante y bastante rentable.

Y no, no te voy a contar cómo vivo la mitad de mi vida tomando margaritas en alguna isla exótica del pacífico,

porque no lo hago,

tampoco vivo de mis sueños ¿Qué clase de mente de parvulito  se cree esa memez? ¿Qué leches significa eso?

El caso,

lo que quiero contarte es cómo conseguí no deprimirme con mi trabajo,

Y llegar a fin de mes sin despeinarme,

y hasta invitar a cervezas si me apetece,

y sin sufrir.

Y cómo conseguí que  sean los clientes los que me busquen, en lugar de perseguirlos, que era lo que hacía básicamente, algo que sólo conseguía que lo del puente fuera cada vez más apetecible.

De hecho, es posible trabajar como consultor RGPD sin tener que malgastar tiempo buscando clientes debajo de las piedras,

o teniendo que hablar como un telepredicador para que comprendan la importancia de lo que haces.

Vamos allá.

La triste historia de una consultora tradicional aburrida y abatida

¿Sabes de lo que te hablo, verdad?

Del tipo de profesional que visitan a sus clientes en polígonos de extrarradio de los que no sabes si volverás entera,   mandan propuestas  hiper detalladas que sus clientes tardan siglos en revisar…si es que lo hacen,

de las que tienen un Excel para hacer el seguimiento de los presupuestos enviados y se toma 2 horas cada día llamando a estos clientes para ver si han decidido algo…

Esa era yo (ahora entenderás lo de mi fijación con los puentes)

Era una consultora que tenía que hacer unos esfuerzos dialécticos titánicos para que la escucharan, para conseguir una visita, para cerrar una venta.

 Todo suponía un esfuerzo colosal.

Y estaba agotada.

Y aburrida.

Y acobardada..

Este trabajo había agotado mi confianza y mermado mis ganas. 

Me había convertido en una telepredicadora de un servicio que no le importaba un pimiento a nadie , vamos una vendedora de libros sobre aves rapaces.

Sólo querían pasar el expediente y perderme de vista.

No sentía que aportara valor.

Y tampoco me sentía valorada, eso era el menor de mis problemas, lo más absurdo era el tiempo que regalaba a hacer cosas que no me reportaban ningún tipo de beneficio, ni directo, ni indirecto.

 Y lo peor,  era una auténtica “malpagá”.

Dedicar tanto esfuerzo a hacer algo que detestaba para tener que pensar si podía permitirme el gimnasio o tomarme un café en el bar.

y no tener ninguna clase de control sobre mis ingresos, mi tiempo, mis energías.

El día que decidí que el puente no era una opción

Todo eso ya es historia.

Y, si echo la vista atrás, era necesario.

Era necesario cambiar el chip, reinventarme y dar un golpe de timón a mi vida y  a mi trabajo.

Es curioso lo fácil que resulta contarlo a toro pasado,  cómo si un rayo de luz nos atravesara y todo se iluminara de pronto y encontramos la respuesta a todas  nuestras tribulaciones de forma mágica.

O un gurú cambia vidas, que viene a ser lo mismo que un rayo mágico…

No fue mi caso, nada de gurús y nada de rayos luminoso atravesando mi cabeza.

Fue un proceso largo  el de entender que lo que hacía no funcionaba, de dejar de insistir en algo que no me satisfacía, de dejar de culpar al mercado, a los clientes, a la protección de datos, porque sí, porque  que era un coñazo que no interesaba a nadie…

y pensar que yo iba para groupie profesional…¿Cómo había acabado dedicada a la protección de datos? sería por lo de la confidencialidad…sigo que me pierdo…

El caso,

no hubo un lighting day, nada de eso, lo que ocurrió fue un proceso de reflexión honesta, de dejar de mirar mi ombligo, de empezar a escuchar lo que pedían mis clientes y que yo me había empeñado en descalificar por mis propias creencias puristas y tontunas varias de lo que yo creía que tenia que ser la consultoría profesional

Y entender algo básico que me enseñó un crack de las finanzas, del que soy una devota fiel (groupie ) Nudista Investor:

Todo negocio necesita 3 cosas para funcionar:

  1. Gente con sed
  2. Agua
  3. Buena comunicación

No hay más trucos ni recetas milagrosas, ni monsergas infantiloides sobre “vivir de tus sueños” y tontainas vendehumos de 5 cifras.

Se trata de escuchar a tus clientes, conocer sus necesidades y darles de beber justo lo que ellos quieren y no lo que nosotros queremos que quieran.

Por ejemplo, decidí  liberar mis herramientas de trabajo y crear mis KITS de plantillas de cumplimiento, 

Estaba harta de endemoniarme nada vez que alguien me escribía para preguntarme si no tenía alguna plantilla que le pudiera pasar para hacer sus textos, en lugar de endemoniarme, decidí venderlas y generar otra fuente de ingresos:

  • Gente con sed
  • Agua
  • Buena comunicación

Parece de lo más obvio, pero si eres de los que tienen que decidir si pagas el gimnasio o Neflix,

o si corres todo el día como pollo sin cabeza,

o si no tienes nunca la opción de quedarte haciendo una maratón de series cualquier día laboral porque no te apetece currar,

es que no lo has comprendido o no lo estás haciendo bien.

Y resulta que la mayoría de los consultores que conozco, siguen sin comprenderlo.

Siguen haciendo consultoría tradicional, hablando y escribiendo  para otros consultores, no para la gente que los va a contratar,

recitando artículos de la Ley, como si hacer alarde de memoria los hiciera mejores profesionales,

o como si a alguien le importan los  dichosos artículos…

A la gente lo que le importa es que le quites marrones, no que le recites artículos o que hables para que sólo te entienda la competencia.

Estos consultores siguen Ignorando lo que está demandando el mercado.

Ignorando el avance implacable de los negocios digitales.

Y la sed de profesionales que den soluciones a estas nuevas necesidades.

 El océano que los consultores tradicionales no terminan de ver

No soy alguien especialmente espabilado, ya lo estás viendo, lo que soy es alguien que lo cuestiona todo y que no se  resigna  nunca.

Y que no soporta la queja, porque la queja no ayuda, ni resuelve ni evita que te tires de un puente o le des a la botella, más bien todo lo contrario.

A mi alrededor había un océano de profesionales digitales a los que nadie estaba escuchando, cómo si la protección de datos no fuera con ellos, y tanto se los ignoraba, que acabaron por creérselo.

¿Cómo vamos a ser escuchados por estos profesionales si no hablamos su mismo idioma?

Yo era una de ellos, de las que se quedaba con cara de ganado cada vez que alguien me hablaba de retargeting, de leads, de landing pages…de píxel…

Una gran paradoja, los que que más datos trataban, con mil estrategias diferentes, con millones de herramientas diferentes , no tenían ningún tipo de información, ni fuente a quién que recurrir, porque la mayoría de los consultores en protección de datos no estábamos en dónde ellos estaban, no utilizábamos sus herramientas, ni sus estrategias ni hablábamos su mismo idioma.

Eso fue lo primero que entendí, que si quería llegar a esos clientes, tenía que estar dónde ellos estaban, hacer lo que ellos hacían y hablar su mismo idioma.

La estrategia de reconversión que me permite vivir sin sobresaltos

Si tuviera que describir mi trabajo hoy en día,  diría que soy una especie de aerolínea de confianza de un público en constante transformación al que animó a subirse, diría que ayudo a mis clientes  despegar sus proyectos digitales, para que puedan seguir escalando y vendiendo sin miedo, sin tropiezos, sin obstáculos.

Y me fascina.

Pero también soy consciente de la escasez de “aerolíneas especiales” como la mía.

De profesionales capacitados para ayudar a un público cada vez mayor de profesionales digitales lanzando sus proyectos online y por eso me lancé crear mi propia  formación.

¿Qué creías que esto iba de catarsis?

Pues no,

mis clientes me enseñaron también a hacer estas cosas, a conectar, a utilizar el storytelling, y el objetivo es animarte a conocer mi trabajo y aprender de él.

Toda mi transformación profesional, la manera de entender la consultoría digital, los retos que hay que superar, todo está plasmado en TécnicoRGPD.

Por esto, junto a la persona que más me ha enseñado acerca de la trastienda de una web, Santiago Alonso,  a la que he formado personalmente en los aspectos normativos para que él me explicara toda la parte técnica de la implantación , hemos creado algo que ayuda a otros profesionales, que responde a una necesidad real y que democratiza la consultoría sin renunciar al rigor. 

Es una formación que pretende salvar la brecha entre los profesionales digitales y los profesionales RGPD.

Esa es la esencia de nuestro proyecto.

En fin, si necesitas ayuda para maquetar propuestas,  no puedo ayudarte.

No soy buena con los diseños, más bien todo lo contrario. Lo mío es la consultoría RGPD en negocios digitales

Tampoco voy a cambiar tu vida ni a darte la llave de la felicidad (Dios me libre de intentarlo)

Lo mío es mucho más terrenal y práctico.

Una formación que te ayudará a salir del modo dinosaurio y darle la vuelta a tus servicios.

O darle la vuelta al RGPD…

“Emprender es resolver problemas, no perseguir sueños y desayunar cupcakes en Starbucks” dice mi tan querido Nudista Investor.

Por eso , creo firmemente en la necesidad de rediseñarnos como profesionales  y rediseñar nuestra oferta, y no tienes que comprar nada, lo primero que tienes que hacer es decidirte a moverte de esa silla si en ella no no te sientes cómodo o cómoda y pensar que clase de silla es la que quieres para ti.

Yo hice mi recorrido , he obtenido mis resultados y  estoy  más satisfecha con los mismos,

no persigo clientes,

ni hago visitas,

escojo con quien quiero trabajar…

y cobro por adelantado, porque me da pereza la gestión de cobros.

También me permito tomarme días para lo que me apetezca o decidir no trabajar si ese día no estoy de humor.

No voy a ser la más rica del cementerio, pero mi saldo bancario me permite escaparme al monte cuando me da la gana o cuando me dejan las medidas del gobierno, pero en cualquier caso, elijo cuando trabajar, con quién trabajar y dónde trabajar.

Y eso no tiene precio.

Y recuerda:

 Un negocio exitoso debe ofrecerle a la sociedad algo que esta necesita, pero que aún no sabe que lo necesita. Parafraseando a Naval, un grupo de personas que piensa diferente es un mercado.@Nudistainvestor

En el mundo digital, hay millones de personas que piensan diferente y que crean negocios diferentes, estas personas necesitan profesionales que hagan una consultoría diferente.

Si quieres conocer todos los detalles de lo que ofrezco, cómo lo ofrezco y todo lo que he aprendido en el camino, la historia completa la he subido en esta lista.

y si no quieres conocer la historia completa, haz algo productivo y comparte este post,  es bastante más entretenido que leer los compuestos de la crema de afeitar.

 

Nota: nunca pensé en tirarme de un puente en sentido literal ni este post constituye  una incitación al suicidio o la bebida, cualquier parecido con experiencias ajenas, es simple casualidad. (Hay que explicarlo todo leches)

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