¿Un mundo sin proteger nuestra intimidad?

La era de internet y la revolución que ha significado en la vida de las personas ha hecho indispensable la existencia de una legislación que regulase el uso que hacen las empresas de la información personal por parte de las empresas.

Basta poner tu nombre en google para encontrarse con una avalancha de información sobre nosotros, si esto ocurre existiendo esta legislación, imagina lo que pasaría si no existiera.

El valor que tiene la privacidad y el derecho de las personas a tener el control sobre su propia información deberían constituir una ventaja competitiva en la nueva economía digital y un requisito indispensable que no todas las empresas acaban de comprender.

Pensemos en un mundo en donde existiera regulación alguna respecto a la protección de tus datos, es decir, nuestra intimidad.

Cualquier empresa podría capturar tu información sin tu conocimiento y sin tu consentimiento, tendría plena libertad para bombardear tu bandeja de entrada con cientos de spam, imagina eso multiplicado por millones de empresas, tu correo se colapsaría, nadie conseguiría trabajar, perderíamos horas y horas en eliminar mensajes no deseados.

Pero también podrían compartir tu información con otras empresas, con total libertad, tu imagen podría aparecer en cualquier sitio público, lo mismo tus datos de contacto.

Nadie podría garantizarte la custodia de tus datos, de hecho podrían perderlos, borrarlos, tirarlos a una papelera junto con datos de salud por ejemplo, ¿te imaginas?

Tampoco sabrías que hacen las empresas con tus datos, cual es su destino y qué tipo de confidencialidad pueden garantizarte, de hecho, podrías facilitarlos pensando que tienen una finalidad y encontrarte que acaban siendo destinados a un lugar bien distinto.

Tampoco podrías pedirle a una empresa que cancele tus datos para que dejen de utilizarlos, ni podrías modificarlos, ni consultar la información que tienen sobre ti, dependerías solo de su buena voluntad, ya que no habría ley que te garantizara esos derechos.

En definitiva, te encontrarías que nadie puede garantizar la seguridad de tus datos, con quien los comparte, que harán con ellos, ni tendrías poder ni derecho alguno sobre tu información.

De no existir esta Ley, no habría desarrollo de la economía digital, dado que sería imposible que pudieras confiar en ninguna empresa a la hora de hacer una transacción por internet por ese motivo, la LSSCE y la LOPD se  erigen como valores estratégicos que fomenta la confianza y el desarrollo de la economía digital.

Necesitamos ciudadanos más consientes, que entiendan que lo que está en juego es nuestra libertad y nuestros derechos fundamentales al honor y a la intimidad.

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